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·Nitzavim: Una Memoria·

por John E. Hirsch, PhD
Parasha Nitzavim
7 Septiembre 2007

Traducido del inglés por Moshe Ben Chacon./ Translated from English by Moshe Ben Chacon.

Yo escribo este drash (ensayo) en honor (¿o sería a la memoria?) del quincuagésimo aniversario de mi bar mitzvah, el 21 de septiembre de 1957 en el Templo Beth Israel en Macon, Georgia. Casi a los 13 años de edad – mi cumpleaños fue el próximo día, el 22 – fue, por muchas razones, uno de los momentos más significativos de mi vida. Los Bar mitzvahs aun eran una novedad en nuestra clásica y antigua congregación reformista – fundada por judíos alemanes en 1859. Aquella mañana de Shabbat, el Templo Beth Israel tenía ambos un rabino nuevo y su primero sistema de aire acondicionado. Aquél fue sólo el tercer bar mitzvah (y rabino) en la memoria de todos; Yo no llevaba ni kippah ni tallit con mi nuevísimo traje gris, una camiseta blanca con puño francés, pañuelo monogramado en el bolsillo de pecho y una corbata verde y gris. Yo era chiquitito en aquel traje de gente adulta; pero en aquel día yo me sentí muy, muy crecido, elegante, pulcro y formal – y, por ver primera – alto. Yo me sentí alto en el púlpito. Especialmente para alguien que nunca pasó mucho de 1 metro y medio de estactura, eso era de extrema importancia. Yo tenía un mensaje a transmitir.

Mi bar mitzvah fue realizado una semana antes a causa de los días festivos que impedirían a mis parientes de fuera de la ciudad de venir; enonces, en aquel año, la porción Nitzavim fue leída dos veces. Hasta Moisés sólo transmitió este sermón una vez (un mandamiento al pueblo de Israel). Para alguien tan chiquitito, nadie quisiera estar en mis zapatos. Y yo, de hecho, quisiera estar en mis tacones.

Yo había estudiado con el Rabino Milton Friedman todos los sábados por la mañana que había replazado al Dr. Marcuson en 1953. Dr. Marcuson había sido el líder espiritual de la congregación por más de 50 años y cuñado de la Dr. Julian Morgenstern, presidente de la Hebrew Union College. En aquel momento ya se podía observar un cambio en la estructura del Judaísmo Reformista Clásico y el Templo Beth Israel, uno de sus bastiones. El Rabino Harold Gelfman llegó menos de tres semanas antes de mi bar mitzvah y completó mi proceso. Todo el verano yo había estudiado esta porción como parte de las oraciones de la maãna de Yom Kippur en el libro de Union Prayer Book II, aprendiendo a pronunciar cada palabra en perfecto hebreo Ashkenaz seguido de inglés del siglo XVII (edición de King James) con toda claridad. A pesar de toda la devoción de mis padres, nadie podía ayudarme a estudiar o practicar, pues ellos no sabían hebreo y yo apenas lograba cubrir la parte en inglés.

Como su primer acto oficial en nuestro Templo, el Rabino Gelfman se retiró del liderazgo y me dejó brillar; aquél era MI púlpito. Fue en aquel momento que yo pensé en ser un rabino por vez primera. Y fue también en aquel momento que yo transmití los mandamientos de Moisés al pueblo.

Vosotros todos estáis hoy en presencia de vuestro Dios; los cabezas de vuestras tribus, vuestros ancianos y vuestros oficiales, todos los varones de Israel; vuestros niños, vuestras mujeres, y tus extranjeros que habitan en medio de tu campamento, desde el que corta tu leña hasta el que saca tu agua; para que entres en el pacto de Jehová tu Dios, y en su juramento, que Jehová tu Dios concierta hoy contigo, para confirmarte hoy como su pueblo, y para que él te sea a ti por Dios, de la manera que él te ha dicho, y como lo juró a tus padres Abraham, Isaac y Jacob.

El bulo común en aquellos días de los años 50, era Yo soy un hombre. Y aunque yo pareciera como una miniatrua de un hombre; Yo no me sentía como uno. Y nunca había sentido particularmente masculino; siempre me sentía como otro. Yo no sabía quién o qué yo era; yo nunca me sentí bien en mi piel; nunca me gustó los juguetes de los “niños.” Yo estaba mucho más entusiasmado con la decoración de nuestra casa (eligiendo el color de las telas, lámparas, etc) y planeando la fiesta – como también flores para el púlpito (nuestracongregación no tenía una bimah), que con cualquier otro aspecto del verano o del Bar Mitzvah. Sin embargo, la porción y la preparación del discurso ya estaban todos listos. En aquellos días, no se daba lo que llamamos hoy día de D’var Torah, entonces, cincuenta años más tarde, aquí estoy. Hoy yo soy un hombre; gay, no obstante un hombre.

“Vosotros todos estáis hoy en presencia de vuestro Dios,” siempre me conmovió, pues suena como la declaración más inclusiva en la Torah. No importa quien sea – hombre-niño, gay, sexo indeterminado – Moisés me había incluido en su llamada para participar de su pacto en aquel día. Nunca antes yo me había sentido tan incluido; y tampoco creo que haya sentido tal inclusión después. No importa quien era – Yo era un judío, primera clase, legítimo y honrado de estar allí.

Porque este mandamiento que yo te ordeno hoy no es demasiado difícil para ti, ni está lejos. No está en el cielo, para que digas: ¿Quién subirá por nosotros al cielo, y nos lo traerá y nos lo hará oír para que lo cumplamos? Ni está al otro lado del mar, para que digas: ¿Quién pasará por nosotros el mar, para que nos lo traiga y nos lo haga oír, a fin de que lo cumplamos?Porque muy cerca de ti está la palabra, en tu boca y en tu corazón, para que la cumplas. ¡Muy fuerte! Éste fue uno de los momentos más fuertes en toda mi vida. Me sentí empoderado y capacitado; a pesar de la s limitaciones del tiempo (los años 50), del lugar (Macon, Georgia) y de la familia (padres muy tradicionales, padre abogado, madre ama de casa), un día yo podría ser YO MISMO. Dios y Moisés les daban al pequeño gay Johnny Hirsch coraje para seguir adelante.

Por fin, yo recité Mira, yo he puesto delante de ti hoy la vida y el bien, la muerte y el mal; porque yo te mando hoy que ames a tu Dios, que andes en sus caminos, y guardes sus mandamientos, sus estatutos y sus decretos, para que vivas y seas multiplicado, y Jehová tu Dios te bendiga en la tierra a la cual entras para tomar posesión de ella. Mas si tu corazón se apartare y no oyeres, y te dejares extraviar, y te inclinares a dioses ajenos y les sirvieres, yo os protesto hoy que de cierto pereceréis; no prolongaréis vuestros días sobre la tierra adonde vais, pasando el Jordán, para entrar en posesión de ella. A los cielos y a la tierra llamo por testigos hoy contra vosotros, que os he puesto delante la vida y la muerte, la bendición y la maldición; escoge, pues, la vida, para que vivas tú y tu descendencia; amando a tu Dios, atendiendo a su voz, y siguiéndole a él; porque él es vida para ti, y prolongación de tus días; a fin de que habites sobre la tierra que juró Jehová a tus padres, Abraham,(B) Isaac© y Jacob,(D) que les había de dar.

Aunque supiera que ésta es la porción leída en Yom Kippur, a los 13 años de edad yo no podía haber apreciado completamente la belleza de este pasaje, su significado especial par mí y su importancia en toda la Torah.

Yo no podía prever de ninguna forma los días negros que vendrían. De saber cual era el significado de la palabra gay en aquella sociedad; de descubrir el odio; la desaprobación de los padres al enterarse de que su hijo es gay. Violencia contra gays. Pero aquellas palabras de la Torah siempre resonaron en mi vida. Yo siempre me sentí incluido. Entonces en los años 60 yo decidí no ser Rabino y no vivir escondido como un judío Marrano. Eso no era eligir Vida.

¿Y quién pensaría que tras 10 años de este momento extraordinaro en mi vida en la que yo eligí “Viver,” yo entraría en un ralación de ya 40 años – sagrado y santificado – porque mi compañero y yo fuimos incluidos por Moisés en el pueblo de Israel. Eligimos la vida. Y nos llevó más 33 años ponernos bajo a la jupá, cumpliendo la mitzvah del rezo de la mañana para el gusto de los ángeles.

La Tierra en la porción es antigua; el Estado de Israel era tan nuevo. En 1988 nosotros viajamos a la Tierra para agradecer a Dios y a Moisés en el Kotel por habernos eligido vida, por las Mitzvot – y por incluirnos en el Pueblo de Israel.

Bibliografía

John E. Hirsch, PhD participó del Comité Directivo de la Unión del Judaísmo Reformista; fue presidente del Gay & Lesbian Taskforce, co-editó la primera edición de Kulanu: A Handbook for Congregations Implementing Gay and Lesbian Inclusion y participó de diversos comités nacionales. El fue una figura muy importante en la resolución histórica aprobada en 1987 de la Unión de Congregaciones Hebreas Americanas para exigir inclusión de miembros LGBTS en las congregaciones. En 1990 él fundó el URJ Greater New York Council’s Gay & Lesbian Resource Committee en el que sirve como presidente. Un activista social de toda la vida, él participó de la Comisión de Acción Social de la URJ por seis años.

El es miembro del Templo Beth-El de Great Neck donde participa en el Consejo de Administración desde 1980. En 1990 él fundó el Comité de Inclusión Gay y Lesbiana y lo preside desde entonces.

Dr. Hirsch tiene un BFA de la Ringling School of Art and Design, un MFA de la Escuela de Artes de la Universidad de Nueva York, y un PhD de la NYU Graduate School of Arts and Science. El es un diseñador y pintor profesional, miembro de la United Scenic Artists Local 829. Sus cuadros fueron vistos en diversas galerías y museos en los EEUU, Europa e Israel, y sus trabajos figuran entre diversas colecciones privadas. El es director y curador del Museo Elsie K. Rudin Judaica Museum en el Templo Beth-El de Great Neck.