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·La Cena de Deuteronomio – Como Muchas Sillas como Nosotros Necesitamos ·

por Marisa Elana James
Parasha Ki Tavo
30 Augusto 2007

Traducido del inglés por Moshe Ben Chacon./ Translated from English by Moshe Ben Chacon.


Esta semana, mientras leemos Parashat Ki Tavo, nos encontramos también en el medio de las Haftarot de Consolación, las cuales leemos todas las semanas desde Tisha B’Av hasta el comienzo de Rosh Hashanah. También nos vemos en el medio del mes de Elul, que precede el comienzo de nuestro nuevo año. Somos amenazados por castigos, somos consolados; debemos recitar cada día de este mes nuestro deseo de vivir pacíficamente en la casa de Dios. Hay mucho que hacer, y debo admitir que no es fácil concentrar en la porción de esta semana en medio a los preparativos para las Fiestas cuando hay tantas emociones fuertes y divergentes atacándome por todos lados. Este año , para mí, es aún más intenso puesto que yo llegué a Jerusalén en Rosh Chodesh Elul, y estaré pasando las Altas Fiestas en lo que una muy buena amiga llama de “la supuesta tierra santa.”

Esta semana leemos en Ki Tavo acerca de los castigos que nos abatirán si no seguimos las leyes de la Torá con exactitud. Para consolarnos, después del ardua lista de castigos, leemos el libro de Isaías la Haftorah, que nos promete que Dios no lo dice en serio; sino que somos, en efecto, el pueblo elegido, que heredará buenos días en el porvenir. Isaías tiene una bella visión para nosotros esta semana, diciéndonos que vendrá el día en el que “Nunca más se oirá en tu tierra violencia, destrucción ni quebrantamiento en tu territorio, sino que a tus muros llamarás Salvación, y a tus puertas Alabanza[…] El pequeño vendrá a ser mil, el menor, un pueblo fuerte.” (Isaías 60:18, 22)

Cuarenta y cuatro días atrás esta semana, Martin Luther King, Jr. habló desde el Lincoln Memorial acerca de sus sueños. En medio al movimiento de derechos civiles en los EEUU, King no esperaba que un día los niños en Kenia, Haití o Jamaica fueran liberadas. King fue más allá y soñó con el día en el que todos los negros, y todas las personas serían libres. King ultrapasó los límites de su comunidad y soñó que “nosotros podremos accelerar el día en el que todos los hijos de Dios—negros y blancos, Judíos y non-Judíos, Protestantes y Católicos—podrán darse las manos y cantar las palabras de la espiritualidad negra: “¡Finalmente libres! ¡Finalmente libres! ¡Finalmente libres! Gracias al Dios Supremo, ¡finalmente somos libres!”

Este verano yo he escuchado tres conversaciones distintas sobre activismo en la comunidad gay. En estas tres conversaciones, yo oí variaciones de lo siguiente: “El movimiento no anda porque hombres gays y lesbianas no tienen nada en común,” y “Los trasngéneros tienen sus proprios problemas – nosotros debemos cuidar los nuestros,” y hasta ”¿Por qué debería dar dinero para fundaciones que tratan de SIDA? Ahora sólo heterosexuales la están pasando.” ¿Cómo podremos realizar la promesa de Isaías, cuando la minoría no quiere ser un clan, y los menores se niegan a ser partede un pueblo fuerte?

En el comienzo de Ki Tavo, la Torá nos da algunas instrucciones de como agradecer. Las primeras frutas de nuestro trabajo deben ser dadas a Dios, y sólo entonces “Y te alegrarás en todo el bien que tu Dios te haya dado a ti y a tu casa, así tú como el levita y el extranjero que está en medio de ti.” (Deuteronomio 26: 11). Después, nuestra obligación no termina ahí; a lo contrario, “Y dirás delante de tu Dios: He sacado lo consagrado de mi casa, y también lo he dado al levita, al extranjero, al huérfano y a la viuda, conforme a todo lo que me has mandado; no he transgredido tus mandamientos, ni me he olvidado de ellos.” (Deuteronomio 26:12-13).

Primeramente debemos compartir las frutas de nuestro trabajo con los Levitas y los extranjeros. En el tercer año, añadimos tres sillas y extendemos nuestra hospitalidad a los huérfanos y a las viudas. ¿Pero quiénes son estas personas? Los Levitas son los sacerdotes, nuestros líderes. Los extranjeros son una obligación, la persona que no viene de nuestra comunidad; es una bendición acoger al extranjero en nuestra casa y a nuestra mesa. Los huérfanos y las viudas son aquellos que no tienen protección, personas que no tienen una estructura social de quien depender o un lugar en la mesa. Es una mezcla intrigante, por ejemplo, cuando imaginamos que hay de común entre los Levitas y la viuda. Sin embargo, todos ellos deben compartir la mesa y los frutos de la cosecha a pesar de las diferencias.

Coretta Scott King también entendió que todos deberían tener un lugar en la mesa. “Mi marido, Martin Luther King, Jr. dijo, ‘Injusticia dondequiera es una amenaza de la justicia por todas partes’ En otra ocasión él dijo, ‘Yo he trabajado mucho y por mucho tiempo contra acomodaciones públicas segregadas para acabar segregando mis preocupaciones morales. La Justicia es indivisible.’ Como Martin, Yo no creo que se puede luchar por la libertad de un grupo de personas y negarsela a otros.” (23 de junio de 1994)

Si la comunidad gay quiere dar una zancada adelante, tendremos todos que ser partes de una verdadera comunidad. No necesitamos tener los mismos problemas, las mismas preocupaciones, los mismos hábitos alimentares, las mismas estructuras familiares… sino que debemos compartir un profundo deseo de justicia y un sentimiento de propósito. Si nos sentamos en nuestras mesitas en nuestros proprios salones, no lograremos mucho. Pero si nos juntamos y compartimos los frutos de nuestro trabajo; si nuestros líderes se sienten con los desprotegidos; si todos los que se sienten huérfanos se sienten a la mesa con los mandamás; si nos atreviéramos a ser el extranjero en la cena, podremos empezar a lograr nuestro lugar en la mesa.

Mientras nos acercamos de las Altas Fiestas, piensen en las líneas del Salmo 27, que leemos durante el mes de Elul: “Una cosa he demandado a Dios, ésta buscaré; Que esté yo en la casa de Dios todos los días de mi vida” (Salmos 27:4). Este año, busque su lugar en lo divino, sin olvidar la importancia de su lugar en la mesa.

Bibliografía

Marisa Elana James se recibió en la Escuela Secundaria Hebraica Makom y en la Universidad de Connecticut, y este verano ella estará mudándose para Jerusalén para empezar un programa de jazán (cantor/a) en el Jewish Theological Seminary’s H.R. Miller Cantorial School. Ella enseñó literatura e Inglés como idoma extranjero en UConn and Rutgers, fue gerente de una librería, y trabajó para una empresa de seguros. Ella vive en Manhattan, donde pasa la mayor parte del tiempo cantando porciones de la Torah en el metro número 4 y escribiendo libros de temáticas gay y judía para niños. En su tiempo libre, Marisa coordina el Minyan liberal de la Congregación Beth Simchat Torah en Nueva York. Ella es jazán invitada de la congregación Or Shalom en Connecticut, y escribe para JVoices.com.