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·VeAhavta—Y amarás·

por Chaim Moshe haLevi (Marc Howard Landas)
Parasha Vaetchanan
28 Julío 2007

Traducido del inglés por Moshe Ben Chacon. / Translated from English by Moshe Ben Chacon.

La porción de la Torah de la semana pasada, Parashat Devarim, tiene un lugar muy estratégico en el calendario litúrgico, precediendo Tisha B’Av, el día anual de luto que marca la destrucción del primer y del segun Templo, y de muchas otras calamidades sufridas por el pueblo judío. En Devarim, los israelitas son recordados del episodio de los 12 espías cuando Moisés envió representantes de cada una de las 12 tribus para investigar la tierra “que fluye leche y miel.” Ellos traen informes contradictorios, en los que todos, excepto Caleb, se fijan en los peligros adelante. Los israelitas son regañados por Dios por haber creído en los espías que no pasaban de pastorcitos mentirosos (como en las fábulas de Aesop), resultando en el decreto de que este día sería observado como un día de luto en todas las generaciones. “Si queréis llorar, ¡fíjaos que os daré una razón para llorar!” dice un Dios frustrado e indignado. El Mishana nos enseña que el episodio de los espías es una de las primeras calamidades a suceder en Tisha B’Av, este día histórico de tristeza y sufrimiento.

En la haftarah del Shabbat Jazon (el Shabbat que precede Tisha B’Av) el profeta Isaías ofrece una visión de la destrucción del Templo: ¡Eso es lo que merecéis por seguir vuestros intereses egoístas y abandonar la palabra de Dios! En ambas circunstancias, vemos a un Dios Deuteronómico que castiga y recompensa. ¿Qué pasó con a la deidad compasiva del Libro de Éxodo?

La porción de Va’etchanan y la haftarah que la acompaña en este Shabbat Nachamu nos ofrece consuelo de Tisha B’Av, de censura divina y de profecías perturbadoras. La porción de esta semana se nos presenta con algunos de los más grandes principios de nuestra tradición: el Shema, el VeAhavta, y Los Diez Mandamientos. En la haftara somos recordados que Dios no puede ser comparado a nigun ídolo o imagen. “Sécase la hierba, marchítase la flor; mas la palabra del Dios nuestro permanece para siempre.” (Isaías 40:8) Es como, si antecipándose a Tu B’Av, somos obsequiados con el pacto de amor entres Dios y el pueblo judío.

Al comienzo de la porción, Moisés pide perdón por cualesquiera infracciones por las que se haya airado Dios y que por ello Moisés estuvo prohibido de entrar en la tierra prometida con los demás israelitas. Mientras que el pedido de Moisés le es negado incondicionalmente, le es ofrecido, también, una contrapropuesta. El debe subir hasta la cumbre del Monte Pisgah y contemplar la tierra. Huelga decir que Moisés probablemente se quedó frustrado y alterado. Pues, tras tanto trabajo, tras cuarenta años sudando y vagando por el desierto, ¿Cuál es su reconpensa? Contemplar desde lejos la tierra que nunca pisará.

A pesar de su desilusión, Moisés, el líder, recuerda a los israelitas que ellos deben observar los mandamientos de Dios y mantener todos los detalles descritos en la Torah. ¿Por qué? Pues Dios es una deidad celosa, que no olvida los pecados de los enemigos, y que, al final, los destruye. Yo me pregunto: ¿es esto lo que piensa Moisés? Yo creo que no. Esta actitud es solamente una táctica de amedentramiento de uno de los autores de Deuteronomio para imponer un sentimiento de conformación social. El sacerdote en Deuteronomio, mediador entre Dios y la humanidad, utiliza el miedo como instrumento de aplicación de las leyes. Si no, ¿A quién le importarían las ofrendas?

El lector luego descubre otra voz en Deuteronomio, una voz que parece no contentarse con un Dios retratado de manera tan hostil. Ahí escuchamos una voz que habla de un Dios compasivo, que siempre se acuerda del pacto hecho con los ancestrales bíblicos Abraham, Isaac y Jacobo con la promesa de una patria para su pueblo eligido. Un Dios que les redimió de Egipto, y que siempre estuvo a su lado. Un Dios que les reveló las leyes divinas, y que les guió hacia la conquista de la tierra.

Moisés recuerda a la población que Dios se reveló en el Monte Sinai no sólo para los ancestrales. Cada uno tiene una relación personal con Dios, y siendo así, cada uno es responsable por la promesa de Naaseh v’Nishma (Haremos y escucharemos) hecha en aquel momento histórico. Para concretizar la memoria, Moisés repite los Aseret Hadibrot (Diez Mandamientos).

Para resumir todas las lecciones, los principios, y los estatutos, se le ofrece al pueblo de Israel un sumario de su relación con Dios por medio del Shema, acompañado de un pasaje que nos instruye sobre como demostrar nuestro amor por Dios, el VeAhavta. El pueblo que, no mucho tiempo después de la salida de Egipto, y que otrora estuvo en el Monte Sinai y proclamó Naaseh v’Nishma, maduró al punto de poder verdaderamente escuchar (Shema) y hacer (Oseh), imbuido de Ahavah (amor). Al proclamar el Shema en el plural, Moisés reconoció y aceptó la prohibición de entrar en la tierra. Moisés ahora es uno de ellos. El no está más separado de la comunidad como su líder, porque hasta Moisés debe someterse a los mandamientos de Dios, y afirmar la supremacía de Dios con amor, aunque su pedido no haya sido aceptado.

Los niños de Israel afirman la singularidad de Dios y prometen demostrar su amor por Dios, con toda su fuerza, esencia y poder. Y lo harán enseñando este amor a las generaciones futuras en todas partes (en su casa, desde el amanecer hasta el final del día) y por medio de señales exteriores sobre sus cuerpos y en sus casas. Y cuando se les pregunten por qué, ellos prometerán recontar su historia de esclavitud en Egipto y explicar como las mitzvot aseguraron su sobrevivencia como un pueblo.

Por lo tanto, si lo más importante es afirmar la unicidad de Dios, y demostrar nuestro amor por Dios, ¿quizá se equivocó el primer autor de Deuteronomio? Bueno, desde mi punto de vista, como judío gay, la imagen del Padre Celestial implacable es demasiado “passé”. Mi teología personal no incluye a un Dios airado y rencoroso. Yo creo en un Dios de benevolencia, compasión y verdad. No hay nada en el Shema que hable de Yirat HaShem. Yo no creo que miedo sea la forma de tener una relación saludable con Dios. Al contrario, yo creo que debemos tener mucho respeto por Dios y su poder.

Creados a imagen y semejanza de Dios, nostros somos testigos de su Unicidad por medio de actos de amor, pues Dios es amor. Si lo hacemos poniendo el tefillin, o fijando la mezuzah, todos estos actos son expresiones de nuestra conección con el Espíritu Divino. Asimismo, al vivir y amar abiertamente como queer, cada uno de nosotros es ayd (testigo) del Ein Sof (La Unicidad Divina e Infinita).

Este Shabbat, busque su conección personal con Dios. Diríjase al Divino con amor. Celebre esta conección y la comparta con el prójimo, especialmente con su amor este lunes en la fiesta de Tu B’Av, bajo la luna llena. ¿Y si acaso estás soltero y buscando? Sabes que hacer.

Biografía
Chaim Moshe haLevi (Marc Howard Landas) es un educador laico y religioso que habita en Brooklyn, NY. Un judío “queer” transdenominacional, ha participado de congregaciones Ortodoxas, Conservadoras, Reconsturccionistas, Reformistas, y Renovadoras como congregante, alumno, profesor y líder de oración. Como autor colaborador del libro electrónico a punto de ser publicado, Más allá de la Masculinidad: Ensayos por Hombres Queer sobre Identidad Sexual y Política, Chaim Moshe HaLevi ha servido de panelista en los retiros de SVARA en la Universidad de Nueva York. Es tesorero de Keshet en JTS, y jevruta en SVARA – una Yeshiva Tradicionalmente Radical. Un rabino aspirante y queriendo ser padre adoptivo, él está buscando a alguien especial con quien compartir su vida.

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