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·Algo "queer" en el viñedo·

Andrew Ramer
Shabbat Parashat Balak: Números 22:2 – 25:9
30 Junio 2007

Traducido del inglés por Moshe Ben Chacon. / Translated from English by Moshe Ben Chacon.

El Diccionario Heritage del Idioma Inglés define la palabra “queer” de la siguiente manera: 1. Lo que desvía de lo esperado, de la norma; raro; una situación “rara”. 2. Raro o poco convencional, como, por ejemplo en comportamiento; excéntrico. 3. De carácter o naturaleza cuestionable o sospechosa. Todas estas definiciones se encajan muy bien a la asna hablante que aparece en la porción de esta semana: inesperada, poco convencional, de naturaleza cuestionable. Loros y papagayos logran imitar el habla humana. Ya les enseñaron a chimpancés y a gorilas a utilizar señales de lenguaje humano. Se dice que el rey Salomón era capaz de entender el lenguaje de los animales. Pero una asna hablante es algo verdaderamente extraordinario.

De hecho, se puede encontrar historias de animales hablantes en muchas culturas, desde las fábulas de Aesop a Mickey Mouse, el Pato Donald, el león cobarde de Oz, y hasta diversos burros como el Burro Eeyore del Osito Pooh, el burro Benjamin de la “Rebelión de la Granja” y el burro hablante de las películas de Shrek. Sin embargo, en toda la Torah, sólo hay dos animales que hablan: la serpiente del Edén y ahora nuestra asna. Así como la porción Shelaj Lejá nos recuerda de la porción Lej Lejá, yo creo que debemos remitirnos a la historia de la serpiente al leer esta porción. La serpiente pervirtió a los primeros seres humanos, tirándoles de su hogar primordial, mientras que el asna llevó a Balaam, hijo de Beor a bendecir a los israelitas con palabras que recitamos hasta hoy: “Mah tovu: ¡Qué hermosas son tus carpas, Jacob,y tus moradas, Israel!” (Números 24:5)

La bendición de Balaam se da en una porción muy única de la Torah. Muchos rabinos y escolásticos consideran esta porción como un libro dentro de la Torah. Un texto antiguo descubierto en 1976 en Jordania contiene fragmentos de las profecias de Balaam, el hijo de Beor, haciéndole a Balaam uno de los únicos personajes de la Torah mencionados en fuentes no-Bíblicos. El Balaam de la porción de esta semana, de acuerdo con las inscripciones descubiertas, fue un profeta pagano, empleado por Balak, rey de Moab para maldecir a los israelitas. Balaam partió de encuentro a Balak en su asna leal, que desvió del camino por medio de un viñedo para evitar al ángel con una espada que le cerraba el paso. Balaam no vio al ángel y golpeó el asna tres veces, intentando hacerla volver al paso. Negándose a atenderlo, ella se volvió a Balaam y le dijo: “¿Qué te hice para que me golpearas así tres veces?” (Números 22:28) Balaam respondió: “¡Te estás burlando de mí! Si tuviera una espada en mi mano, te mataría ahora mismo”. (Numbers 22:29). En este momento, el ángel se reveló a Balaam y le dijo que siguiera adelante, sabiendo que él sólo diría lo que le fuera dicho – bendiciones, no maldiciones.

Estas líneas de un poema inuita por Nalungiaq recopiladas en los años 20 nos ayudan entender esta parasha:


En los tiempos primordiales, cuando ambos seres humanos y animales vivían en la Tierra
una persona podía transformarse en animal si quisiera
y un animal podía tranformarse en ser humano.
A veces ellos eran personas y a veces animales
y no había diferencia.
Todos hablaban el mismo idoma.
Fue el tiempo en que las palabras eran como magia.
La mente humana tenía poderes misteriosos.
Una palabra proferida al acaso podría tener consecuencias raras.
De golpe se materializaban
y todo lo que quería uno que sucediera, sucedía —
sólo bastaba decirlo.
Nadie lo puede explicar:
Así era.

No obstante, nosotros no vivimos en aquellos tiempos primordiales. La distincción entre seres humanos y animales es un apartheid muy bien establecido, jerárquico e institucionalizado. Nosotros somos superiores y ellos, inferiores. Pero a veces, algo un tanto “queer” puede suceder. Alguien traspasa la gran división. Y cuando esto ocurre, por un breve momento somos más una vez forzados a reconectarnos con la complitud primordial. Un animal hablante no era necesario en esta historia. Otro ser humanos podría cumplir el mismo propósito de ver al ángel en el viñedo que Balaam no pudo ver. Pero este cuento es una fábula de desmontamiento de divisiones, incrustada en la Torah que aprecia sus divisiones entre día y noche, masculino y feminino, animal y ser humano. ¿Y quién de nostros consigue transmigrar entre sexos, tiempos y mundos? En culturas con amplia conección con la tierra este papel es desempeñado por los shamanes. En nuestro mundo moderno, ya no hay muchos shamanes. Pero nosotros, “los queer”, nosotros sí andamos por una multiplicidad de mundos, sexos, culturas y deseos, que conecta y une y convierte la pluralidad en lo uno. Siempre que yo leo esta porción, y me deparo con el asna siendo maltratada por su dueño humano y al mismo tiempo inhumano, yo me acuerdo de nuestra naturaleza shamánica y “queer”. Somos villipendiados por la cultura dominante a causa de nuestros impulsos “animalísticos”, pero como en el caso del asna, somos muchas veces más capaces de ver a los ángeles que nos rodean que los demás. Y ellos afirman estar en concordancia con las Escripturas, en comunicación directa con Dios, y más santos que todas las demás personas.

Si por un lado cómica, esta parasha, con su protagonista feminina, es un cuento muy fuerte. Nuestros ancestrales entendieron el mensaje. La tradición dice que la boca del asno fue creada poco antes del primer Shabbat, como también el arcoiris, el pozo de Miriam, la manna que cayó del cielo, y los gusanos que comían entre las piedras utilizadas para construir el Templo de Salomón. Cómico, e igualmente sagrado, cuando hablan los animales, debemos escuchar con atención. En este momento, se deshace la frontera entre los mundos. La verdad primordial está a punto de ser revelada. Lo sagrado aquí se manifesta de manera “queer” en el viñedo, iluminando y enseñando el camino. Espíritu y materia se unen más una vez, como en los tiempos remotos. Y por medio de esta unión, nos acordamos que divisiones son temporales y pasajeras. Y como Nalungiaq, el poeta inuita nos recuerda, nuestras palabras tienen mucha fuerza. Mientras leemos y hablamos de la Torah de esta manera “queer”, traemos a la realidad cosas que quizás estuvieron escondidas desde antes del primer Shabbat. Construimos nuevas casas y nuevos santuarios. Somos todos testigos de lo sagrado en todo lo que hay. En un momento dado vagamos perdidos en los campos de este mundo—y, de golpe, vemos, oimos y entendemos más una vez que todo es Uno.

Para más información sobre Balaam y las inscripciones encontradas en Jodania en 1976, haga clic en los siguientes enlaces:

http://ccat.sas.upenn.edu/~humm/Resources/OT/balaam.html

www.bib-arch.org/bswb_BAR/Rainey/bswbRaineySubPage.asp?PubID= BSBA&Volume=11&Issue=5&ArticleID=1

Bibliografía
Andrew Ramer es autor de diversos libros, incluso un best seller sobre ángeles. Dos de sus historias aparecen en dos antologías judías, “Kosher Meat” y “Found Tribe”. Una breve composición de sus memorias acerca de la temática gay judía fue publicada en “Love, Castro Street”. Y “Tales of a Male Lesbian” puede ser encontrado en el libro “Identity Envy”. Su próximo libro, “Queering the Text: Biblical, Medieval, and Modern Jewish Stories” va a ser publicado por Suspect Thoughts Press. Andrew es miembro de la Congregación Shaar Zahav de San Francisco, donde condujo grupos de estudio de la Torah por dos años y medio y ahora sirve como mentor de los alumnos del Bnei Mitzvah para escribir ensayos.