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Avecillas, Sangre, y Aguas Corrientes
Estamos en el medio del Libro de Levítico, en el medio de la Torah, lo que significa que estamos leyendo el manual de instrucciones para los Levitas en los tiempos del Templo, detallando el conocimiento necesario para desarollar el trabajo de los decendientes de la casa de Levi. En la superficie, Levítico nos enseña como mantener el Templo, como vestirnos adecuadamente y como llevar a cabo los rituales, como y cuando ofrecer los sacrificios. Para nosotros, judíos en la Diáspora modernos, pos-Templo, no pertenecientes a la casta sacerdotal, este relato puede parecer tan emocionante como un manual de un fontanero inglés del siglo diecinueve.
Parashat Metzorah tiene tres secciones, dos de las cuales nos enseñan como purificar a personas y casas. Por un lado, la porción es muy práctica, presentando una versión condensada de las andanzas por el desierto, completa con artículos para mejorar la salud y para mantener su casa sin molde. Seguramente, en esta época del año, cuando nos preparamos para Pesaj, la Pascua judía, muchos de nosotros podemos identificarnos con la lista de actividades recomendadas para limpiar la casa – Yo misma me paso todo el mes de marzo comiéndome toda la chametz (pan o cualquier tipo de alimento leudado) que encuentre dentro de la casa, esperando que no tenga mucho para limpiar antes del festival– pero nuestras instrucciones no son sólo para mantenimiento, sino que para eliminar la tzara’at que tiene uno dentro de sí mismo o en su hogar.
Tzara’at generalmente se refiere a un tipo de infección desfigurativa: en inglés, muchos prefieren utilizar la palabra “lepra,” para tratar de las personas y cuando hablamos del hogar, utilizamos la palabra “plaga.”
La Torah dice explícitamente que la pureza de un individuo está relacionada con la pureza de su hogar; que debemos mantener ambos libres de enfermedades. De una forma muy práctica, esto suena muy lógico, pero hoy día, muy pocos de nosotros tenemos que preocuparnos por las plagas o la lepra. Entonces, ¿cómo podemos utilizar este conocimiento hoy día?
Es interesante notar que el proceso de purificación de casas e individuos es exactamente lo mismo. En ambos casos, si la plaga o la lepra son curados, la casa o la persona puede ser declarada limpia por medio de un proceso semejante: el Kohen, el sacerdote, tiene que examinar si la persona o la casa está libre de las impurezas visuales causadas por la tzara’at. Posteriormente, el Kohen toma “dos avecillas vivas, limpias, y madera de cedro, grana e hisopo” (Lev. 14:4 and 14:49), y las ponen “en un vaso de barro sobre aguas corrientes” (Lev. 14:5 and 14:50). El mata la primera avecilla y después toma la avecilla viva, el cedro, la grana y el hisopo, y los moja con la avecilla viva en la sangre de la avecilla muerta sobre las aguas corrientes; y rocía siete veces sobre el que se purifica de la lepra, y le declara limpio; y solta la avecilla viva en el campo (la cual afortunadamente encontrará un buen terapeuta). Aparte de pocas diferencias lingüísticas, el ritual es siempre lo mismo.
¿Cuál es el significado de las avecillas? La primera avecilla es muerta; la segunda es mojada en la sangre de la primera y mayyim hayyim, aguas corrientes, y liberada.
Pesach llega en el momento más lejano de Yom Kippur. Estos dos festivales pueden ser vistos como representantes de nuestros dos casos en Metzorah; antes de Yom Kippur, trabajamos para limpiar nuestra alma, mientras en este momento del año, trabajamos para limpiar nuestras casas. En ambos casos, tenemos que tomar decisiones difíciles de lo que debemos guardar con nosotros y de lo que tenemos que eliminar; lo que será sacrificado y lo que viverá. El bagaje que cada uno de nostros acumula durante el año es enorme, y dos veces al año tenemos la oportunidad de voltear la página y comenzar de nuevo.
Siendo así, descartamos toda la cólera y los sentimientos de insuficiencia. Nos libramos del pan, de nuestra chametz, de nuestros cereales por la mañana, de las galletitas y de los bagels. Sacrificamos nuestras experiencias de discriminación, las palabrotas que se nos dicen, los miedos que tenemos, los trabajos y familias que hemos perdido.
Y guardamos lo que nos queda, nuestras esperanzas y nuestros sueños y ambiciones, y los metemos en la sangre de nuestras experiencias, adquiriendo sabiduría mientras echamos por la borda el bagaje doloroso dentro de lo cual ellas llegaron. Cuando Pesach comienza, nuestros hogares están limpios. Cuando Yom Kippur comienza, nuestras almas están limpias. Una avecilla ha sido sacrificada y la otra ha sido liberada, cubierta por la sangre del sacrificio y por las aguas que purifican y ahora vuela por el mundo.
Parashat Metzorah puede ser un poco anticuada como un manual de instrucciones, pero resulta útil mientras nos preparamos para tiempos de decisiones. Mientras acabamos de comernos nuestras pastas o nuestra pita, nosotros aprendemos en la Torah que nuestro viaje por el desierto será una experiencia purificadora siempre que aprendemos lo que debemos descartar. Y nos recordamos que en seis meses, nuevamente tendremos la oportunidad de decidir que hacemos con el palpitar de nuestros corazones.
Bibliografía
Marisa Elana James se recibió en la Escuela Secundaria Hebraica Makom y en la Universidad de Connecticut, y vive en Jerusalén donde estudia para ser jazán (cantor/a) en el Jewish Theological Seminary’s H.R. Miller Cantorial School. Ella enseñó literatura e Inglés como idoma extranjero en UConn and Rutgers, fue gerente de una librería, y trabajó para una empresa de seguros. Ella vive en Manhattan, donde pasa la mayor parte del tiempo cantando porciones de la Torah en el metro número 4 y escribiendo libros de temáticas gay y judía para niños. En su tiempo libre, Marisa coordina el Minyan liberal de la Congregación Beth Simchat Torah en Nueva York. Ella es jazán invitada de la congregación Or Shalom en Connecticut, y escribe para JVoices.com.
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