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·El Primer Mandamiento Revisado·


por el Rabino Seth Goren
Parashat Yitro
26 enero 2008 (19 Sh’vat 5768)
Éxodo 18:1 – 20:23

Traducido del inglés por Moshe Chacohn. / Translated from English by Moshe Chacohn.

El recibimiento de los Diez Mandamientos es un evento espectacular. La combinación de rayos, truenos, tormenta, humo y un ruido estremecedor en el Monte Sinai que ecoa a traves del tiempo, creando el perfecto telón de fondo para la enuciación divina de los Diez Mandamientos o Aseret HaDibrot (como son llamados en los textos rabínicos).

Sin embargo, la tradición judía nos enseña que el Primer Mandamiento se nos fue dado no en la porción de esta semana (Parashat Yitro), sino que mucho antes, en Génesis 1:28. Tras la creación, los seres humanos fueron mandados “fructificarse y multiplicarse.”

Este mando resulta aún más valioso cuando lo contrastamos con la lucha de los progenitores del pueblo judío respecto al tema de la fertilidad. Para Sarah y Abraham, Rebeca e Isaac, y Jacob y Raquel, la presión para concebir y dar a luz es tan central que sirve para enfatizar el mandamiento procreativo que supuestamente debe aplicarse a toda la humanidad.

En algunos contextos judaicos modernos, especialmente tras la desgracia del Holocausto, la centralidad de la reproducción biológica se manifesta como lo que se suele llamar “Judaísmo pediátrico.” Para tales comunidades, el enfoque en la educación de los niños y niñas suplanta todos los demás aspectos de la vida judaica, resultando en el casi abandono total de la progenie tras la escuela secundaria, ignorando la necesidad de los jóvenes, de los ancianos y de todos los demás entre ellos. Aunque haya espacio para los que deciden ser padres por adopción, ocurre una exclusión de los que no tiene menos de dieciocho años de edad o no son responsable de ellos.

En una época en la que la comunidad LGBT busca cada vez más ser padres, aunque todavia no tan frecuentemente, este enfoque en los niños a veces resulta en un tema que se les gana la antipatía a los judíos gays. Aquellos que no pueden o prefieren no participar de una relación parental formal y legal, pueden acabar sintiéndose excluidos del centro de la vida judía.

Los obstáculos legales igualmente pueden agravar aún más la situación. En algunos estados en los EE.UU, la adopción por el segundo padre o madre está prohibida, mientras en jurisdicciones como Flórida, la adopción no es ni siquiera una opción. Hasta fuera de los EE.UU, en países que han legalizado el matrimonio gay, la adopción es uno de los beneficios a los que los gays no tienen derecho. De esta forma, la legislación laica, la tradición judía y el Primer Mandamiento todos acaban por marginalizar a muchos. Mientras algunos segmientos de nuestra tradición demuestran un avanzo en cuanto a los hijos resultando del matrimonio clásico, hay también ejemplos paralelos de paternidad fuera de los modelos clásicos. Y al explorar estos modelos, estos mentores les otorgan a sus protegidos nuevas maneras de tener éxito en sus vidas.

Veamos, por ejemplo, la relación entre Moisés y su suegro, Jetro, que se expande esta semana. Después que Moisés huye y sale del Egipto, Jetro lo recibe, le da una casa, y eventualmente le instruye a Moisés en como liderar a los israelitas tras el Éxodo. De hecho, es justo la diversidad de figuras paternas, de sus padres israelitas a su madre adoptiva en el Egipto y Jetro, que le otorgan a Moisés una cantidad extraordinaria de experiencias y la capacidad de liderar tan efectivamente.

Y Moisés no está sólo. Eli, el gran sacerdote de Shiloh, toma al futuro profeta Samuel bajo sus alas y lo eleva a la posición de eminencia encima de sus proprios hijos. Al apegarse a Naomi que no tiene hijos, Rute deja su tierra natal y prospera bajo la tutela de su suegra. Cuando Abraham deja su tierra natal, Canaan, él trae a su sobrino Lot, y se le da la oprtunidad de cuidar de tierras y posteriormente lo salva cuando es tomado como prisionero de guerra. Estas ilustraciones nos enseñan una amplia selección de relaciones paternales, no restringiéndose a las relaciones paternales o maternales clásicas.

Las formas como tallamos y moldamos una generación son varias. Algunos de nostros pasarán los genes por medio de hijos biológicos. Otros serán padres adoptivos, mientras otros tendrán papeles más informales—pero igualmente inestimables—de mentores, repasando enseñanzas, experiencias e instrucciones. Y cada una de estas relaciones tiene un lugar de respeto y de honor en la tradición de nuestro pueblo.

Bibliografía
El Rabino Seth Goren es consultor de proyectos en el Centro Hilell Joseph Meyerhoff para Educación Judía en el Centro Internacional Schusterman en Washington, DC.