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·Corte Final: Circuncidando el Egipto·

por Amichai Lau-Lavie
Parashat Bo
27 enero 2007 (8 Sh’vat 5767)

Traducido del inglés por Moshe Chacohn. / Translated from English by Moshe Chacohn.

La porción de esta semana es llamada de “Bo,” también conocida como “Enfrentamiento final en el Egipto.” “Bo” viene del hebreo para “ven”—referiéndose al mandamiento divino por medio de lo cual Moisés tuvo que venir ante la presencia y pensamiento de su opresor—para liberar a los esclavos hebreos y soltarlos y “salir del armario”. Curiosamente, la esencia de esta porción es exactamente el tema de quién o lo qué está “dentro” y “fuera,” y como identidades y límites son tan marcadamente delineados—cortando como un cuchillo de circuncisión.

No importa si lo leemos como una memoria judía o como una mitología humana, historia sagrada o fantasía—el Éxodo se transformó en el símbolo principal del discurso socio-político de la Teología Canónica del Oeste, de la psicología y del arte. En la Parasha Vaera de Jay Michaelson, él escribió, “para nuestros esclavos afro-americanos o para nuestros ancianos GLBT, esta historia representa mucho más que solamente el relato de los israelitas y abarca toda y cualquier lucha por liberación.”

Jay y yo somos amigos, y la semana pasada dió la casualidad de que nos encontramos en un “shvitz” de Nueva York (una sauna o el baño de vapor, para los que no conocen el Yidishismo)—aquella vieja institución donde charlas fluyen como sudor. Naturalmente, como buenos judíos chiflados y aficionados por el judaísmo, nuestra charla se volvió a la porción de esta semana, y, mientras hombres casi desnudos desfilaban por todas partes, discutimos la interpretación de Jay para el Libro del Éxodo como una metáfora para el despertar sexual. Entonces, mientras mi lectura de esta porción no sea necesariamente original, fue inspirada por una atmósfera un tanto homoerótica, y se centra, particularmente, en el raro, doloroso, y no muy conocido papel del pene humano, y especialmente del prepucio, en el paradigma del cambio también conocido como Pessach. El sorprendente vínculo simbólico entre la circuncisión y el Éxodo indica los desafíos del separatismo pluralístico como el subproducto de las luchas por liberación—antaño y ahora.

Antes de comenzar a explicar, aquí va una pequeña recapitulación: Los capítulos 10-13 en el Libro del Éxodo nos cuenta a detalle los momentos finales del Éxodo—las tres últimas de las diez plagas en el Egipto, con la muerte de los primogénitos y la derrota de Faraón marcando la cúspide de la historia. Entre la medianoche y el amanecer, iluminados por la luna llena de la primavera, más de un millón de esclavos hebreos huyeron del Egipto, con matzot en mano, terminado 430 años de inmigración turbulenta.

Y el próximo acontecimiento, luego después de la partida, es la transmisión de las primeras de las nuevas leyes de conducta fuera del Egipto, directamente de Di-s via Moisés: Sólo los hebreos deberán comer las ofrendas de carne para la Pascua. Los esclavos deberán ser circuncidados para poder participar, además de los covertidos, pero los que no sean circuncidados no podrán participar de la comida. (Ex.12:43-49)

Evidentemente, para ser una nación nueva y distinta (o individual), es necesario establecer separaciones y es necesario establecer quien está “dentro” y “fuera”, quien es el “hermano” y los “demás.” Tras años de represión, los hebreos (como la comunidad LGBT) tienen orgullo de celebrar una existencia separada—no porque son forzados, pero porque ahora eso es posible. Pero al mismo tiempo, la nueva ley, que debe supostamente entrar en vigencia luego después de la partida del mundo anterior, fija límites e jerarquías claras dentro del ámbito del hogar—determinando quien puede o no participar de la comida sagrada. Estamos aquí en los momentos iniciales de nuestra libertad y ¿ya establecemos que no todos son bienvenidos en nuestra mesa? ĦAy! Aunque la circuncisión sea instruido aquí como una herramienta necesaria para determinar una identidad racial/ nacional, ello también surge como un símbolo sorprendente del corte final en la vida en el Egipto y el primero paso rumbo a una identidad hebrea.

De hecho, hay otro pasaje que conecta la salida del Egipto con el momento de la circuncisión. En el Midrash medieval conocido como Pirkei D’Rav Eliezer, la sangre pintada en las puertas no fue sólo la de carneros muertos. Faraón les había prohibido la circuncisión. Entonces, en el día que salieron del Egipto, todos los hombres fueron circuncidados, jóvenes y viejos. Ellos mezclaron la sangre de la Pascua con la sangre de la circuncisión y la pintaron en las puertas para que la destrucción no entrara en sus casas. (PDRE 29)

ĦAy de nuevo! Si leemos este texto como una metáfora para “Salir del armario” como judío, gay o negro, o un ser humano libre, el tema de la circuncisión acá nos da más que sólo algunas lágrimas. En este contexto, la extirpación del prepucio resuena como el corte del cordón umbilical y puede ser entendido como un momento definitivo en el Libro del Éxodo.

Como en muchas historias de quien salió del armario, incluso la mía, el Éxodo colectivo incluye lo dulce y lo amargo—ambos las sonrisas de alivio y las lágrimas de dolor. El Egipto se transforma en aquel lugar estrecho, el lugar que tanto queremos dejar, mientras saltamos furiosamente en lo que sería nuestra versión de la Tierra Prometida.

¿Pero es esta la historia de liberación que desearemos seguir contando? ¿Querremos seguir festejando separadamente mientras buscamos nuestra identidad individual? Como un hombre queer viviendo en una ciudad donde no hay “oficialmente” guetos, aunque extraoficialmente los límites sean más definidos que los gorilas de las discos—estas preguntas me preocupan. Mientras me gusta mucho salir de juerga con los hombres sólo, o compartir la intimidad de una cena de Shabbat sólo con mi familia, sin tener que explicar los rituales—yo siento que mis comunidades respectivas deberían aceptar el desafío de la diversidad sin comprometer su identidad intrínseca. La integración—sin el miedo de la similación, parece ser la llave para una sobrevivencia saludable de un pueblo con características tan distintas, basadas en el género, orientación sexual, religión o cultura. En la época de los “huecos en el mercado” y tantas opciones basadas en la procedencia cultural—entiendo que eso sea un desafío árduo.

De vuelta a la shvitz, Jay expandió su comentario sobre la circuncisión como el acto que revela el órgano sexual, subrayando su papel en el proceso sagrado de la procreación y del nacimiento. La circuncisión en el día de la salida del Egipto puede ser leída como el paso final en el nacimiento de un pueblo, y como el primer paso hacia la Revelación en Sinai. Enseguida, con la toalla envuelta al cuerpo, Jay “partió” de la sauna, y yo me quedé, esperando acordarme de todo lo que hablamos, reflexionando sobre como estas historia bíblicas han formado nuestra identidad, resonando nuestros triunfos y nuestras flaquezas humanas, y a veces intensificando nuestros miedos y formas anticuadas de pensamiento. Egipcio o hebreo, cortado o no, hetero o gay, yo espero que al re-visar y re-contar esta historia de forma audaz, en este Shabbat o en Pessach, podamos ver nuevas posibilidades, revelaciones relevantes, y encontrar nuevos paradigmas para celebrar nuestra “partida” de una historia estrecha y la llegada a una historia que nosotros escribiremos.

Bibliografía
Amichai Lau-Lavie es el fundador, Director Ejecutivo y Artístico de Storahtelling: Teatro Ritual Judaico Revivido. Fue aclamado por la revista Time Out NY como “la Super Estrella de David,” como un “iconoclasta místico,” y como uno de los pensadores más interesantes del mundo judío por la revista NY Jewish Week. Amichai es miembro del Programa Sinagoga 3000, asesor para el Reboot Network, y recipiente del premio Joshua Venture Fellowship entre 2002-2004. El es miembro de diversos comités directivos, incluso Bikkurim, y la revista Zeek. Amichai representa el personaje teatral de Rebbetzin Hadassah Gross y es el orgulloso padre biológico de Alice-Irving.

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