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·Hágate Dios como a Efraín y como a Manasés·

por David Levy
Parashat Vayechi
22 Diciembre 2007

Traducido del inglés por Moshe Ben Chacon. / Translated from English by Moshe Ben Chacon.

Y los bendijo aquel día, diciendo: En ti bendecirá Israel, diciendo: Hágate Dios como a Efraín y como a Manasés. (Génesis 48:20)

Todas las noches de Shabbat, los judíos en todo el mundo se acuerdan de la porción de esta semana al bendecir a sus hijos con las palabras “¡Qué Dios te haga como a Ephraín y como a Manasés,” realizando el pronunciamiento de Jacob en su lecho de muerte. Yo particularmente no crecí con esta tradición en mi familia, entonces, cuando oí hablar de ella, inmediatamente dos cuestiones me saltaron: Si Jacob dice que toda la nación de Israel debe bendecir de esta manera, ¿por qué nos limitamos a los varones? ¿Qué hay de tan especial en Ephraín y Manasés que rezamos para que nuestros hijos sean como ellos?

La Torah misma, sorprendetemente, nos provee muy poca información sobre estos dos hermanos, los hijos de su favorito, José y su mujer egipcia, Asenath. Sabemos que ellos pasaron todas sus vidas en el Egipto, que Manasés es el hermano mayor (aunque algunos escolásticos sugieren que ellos hayan sido gemelos), que ellos nacieron antes de que el hambre llegó al Egipto, y que los libros de Génesis y de Crónicas discrepan un poco en cuanto a un descendente de Manasés que podrá haber sido su hijo o su nieto. De lo contrario,todo lo que tenemos son conjeturas basadas en una única escena en el lecho de muerte de su abuelo.

Y ya que todo lo que les basta es una única escena, por lo menos es una escena memorable. Tan pronto José oye que Jacob se acerca de la muerte, él toma a sus hijos y corre hacia su padre. Jacob no pierde tiempo y comienza a relatar una visión de Dios y en seguida adopta a los nietos y los sube una generación a causa de la herencia. Y uno se pregunta que es lo que pensaba Jacob cuando lo hizo – ¿acaso se olvidó que su proprio hermano casi lo mató por juguetear con las costumbres de la herencia? ¿o de que sus hijos casi lo mataron a José debido al favoritismo? Jacob no parece importarse, pero algunos comentadores lo ven posiblemente aturrullado en este momento conforme deducimos del siguiente pasaje:

Y vio Jacob los hijos de José, y dijo: ¿Quiénes son éstos? (Génesis 48:8)

Estos son, seguramente, los dos varones a quienes les tiene Jacob tanto cariño que recién los adoptó, aunque no los haya reconocido mientras estaban tan cerca. (Otros comentadores más recentes dicen que cambios en el texto de la sección pueden haber creado la confusión y no Jacob). No satisfecho con la herencia, Jacob se supera al cruzar sus brazos durante la bendición de los muchachos, simbolizando el reverso de la bendición tradicional en la que se da predileción al hijo mayor. José protesta, pero Jacob—hermano más pequeño quien se le tomaron el pelo tantas veces por ser lo más joven—hace lo que le conviene. El va a bendecir como le parece bien, y punto. “Seguro que Manasés será un gran hombre también, pero Ephraín—él será el orgullo de la familia”

Vale, ahora los varones ya tuvieron su gran y única escena en la Biblia sin decir ni siquiera una palabra. Pero no importa, porque aprendemos mucho sobre ellos desde la perspectiva de su abuelo.

Varios comentadores pasaron bastante tiempo preguntándose porqué Jacob no reconoció a sus nietos. Una teoría es que Manasés y Ephraín, hijos de un casamiento mixto y habiendo crecido sumergidos en la cultura egipcia, se parecen egipcios, y aún así el abuelo no les saca las joyas y el maquillaje y les acepta como ellos son y así los bendicen. El Rabino Harold Kushner ve en esta bendición un elemento que es, seguramente, relevante para nosotros y para nuestros hijos: Qué seamos como Ephraín y Manasés, orgullosos de nuestra identidad judía mientras vivimos plenamente en nuestras sociedades no judías. Qué seamos como Ephraín y Manasés, viviendo orgullosamente nuestras vidas con integridad, siempre siendo quien somos. Lo cual sería un ritual muy poderoso para nuestros jóvenes LGBT, si ellos pudieran oir una afirmación semanal de que sus padres, y su tradición no menos, les aceptan como ellos son.

Kushner también ve una bendición en la relación misma de los muchachos. El sugiere que los varones pueden haber sido una fuente de la bendición porque ellos fueron los primeros hermanos en la Biblia que se llevaron muy bien y en paz, tras los conflictos que les afligieron a Caín y Abel, Isaac e Ishmael, Jacob y Esaú, y José y sus hermanos.” Entonces, es posible que las bendiciones de Ephraín y Manasés sean de paz y tolerancia. Cuando Jacob cruza los brazos para dar la mayor bendición al hermano más pequeño, ninguno de ellos se queja. Ellos aceptan la bendición que se les dio el abuelo, aparentemente sin pelear. Y por la falta de mención, suponemos que este hecho no les lastimó la relación. Qué seamos como Ephraín y Manasés, en paz con nuestro lote y en armonía con quien amamos. Lo cual sería un ritual muy poderoso para nuestras familias, recordándonos de celebrar nuestra relación a pesar de eventuales problemas.

Entonces, si la bendición de ser como Ephraín y Manasés es una bendición de tener orgullo de quien somos, mientras vivimos en paz y armonía con los demás, ¿por qué no extendemos esta bendición a los niños de todos los géeneros y no sólo a los varones? La bendición generalmente dada a las niñas invoca el nombre de la mastriarcas. Como sería muy extraño remover el nombre de las matriarcas: Sarah, Rebeca, Raquel y Leah, puesto que nos quedan tan pocos elementos en nuestra tradición que invocan el nombre de las mujeres, debemos preguntarnos también si lo que queremos no es justamente un mundo de Ephraines y Manasés, si sacamos de ellos el elemento del género. Igualmente, ¿las características de la matriarcas no serían relevantes también para los varones?

En toda su vida, Jacob encarnó la idea del “queer” en nuestra tradición. Desde su rechazo a aceptar la posición que le dictaba la sociedad hasta su aserción en su lecho de muerte de que aún los que tienen potencial de marginalización y alienación en su familia tienen mucha importancia para él, Jacob nunca dejó que lo convencional le impidiera de corrigir desequilibrios en la tradición. Entonces, en este Shabbat, si tienes que bendecir a alguien, ¿por qué no hacer como Jacob y juguetear un poco con la tradición? Qué seamos todos como Ephraín y Manasés, y como Sarah, Rebeca, Raquel, y Leah. Y qué seamos todos como Jacob, sin tener miedo de ajustar la tradición para el beneficio de nuestras familias y de nuestro pueblo.

Bibliografía

David Levy es presidente del consejo directivo de Keshet, una ONG que sirve a la comunidad LGBT judía, con sede en Boston, cuya misión es construir una comunidad y promover el cambio social. En su vida profesional, él es el director de la Escuela Secundaria del Prozdor en la Hebrew College en Newton, MA.