Top_logo
·Parashat Miketz 2007·

por Maggid Jhos Singer
Parashat Miketz
7 Diciembre 2007

Traducido del inglés por Moshe Ben Chacon. / Translated from English by Moshe Ben Chacon.

Mientras esperaba por niños a la salida de la escuela en el patio, empecé a hablar con un grupo de colegas padres, nadie judío, cuando, de golpe, surgió el tema de mi trabajo con Espiritualidad Judía. Uno de los padres dijo algo como, “Debe ser muy bueno ser así tan, sabes, tan santo, o sea, tan, así, espiritual y todo. Tú debes sentirte, eh, en paz.” Inmediatamente mi cara se retorció. Me dio ganas de preguntarle: “Estás fumado!?” Pero, con tanto desarrollo espiritual, yo me contuve y sólo gruñí un poco hasta que, afortunadamente, la campaña de la escuela sonó y todo se convirtió en un caos en la forma de niños corriendo del confinamiento impuesto por el gobierno, acabando, efectivamente, nuestra charla.

Lamento decir que la cultura dominante parece equiparar lo sagrado y lo espiritual con lo superior, lo culto, con un sentimiento de tranquilidad; afirmando también que la proximidad con Dios es el dominio de algunos pocos, selectos y serenos. Muchas de las personas con las que hablo parecen creer que ellos no pueden ser santos ni estar cerca de Dios porque sus vidas son tan dañadas, tan imperfectas, o sea, tan humanas. Siendo tan profundamente judío yo mismo, siempre que oigo algo así, ya me imagino un sermón, porque yo diría, sin la menor duda, que mi camino espiritual me enseña justamente lo contrario. En la parasha de esta semana abundan ejemplos de como nuestros caminos serpentean entre momentos de depresión y euforia, fracasos y triunfos, traiciones y reconciliaciones, y que cada paso en el camino es un lío. Sin embargo, estos contrastes tan dramáticos nos llevan a la santidad.

Parashat Miketz comienza con la liberación de José de una prisión egipcia, donde estuvo encarcelado a causa de una falsa acusación de acoso sexual, para interpretar un sueño del faraón. El interpreta el sueño del faraón, advirtiéndole de los siete años de abundancia seguidos de siete años de hambre, y que, por ello, el faraón debería conservar lo suficiente durante los años de hartura para sobrevivir los años difíciles. Al faraón le agrada lo que dijo José y le nombró a José segundo en el comando, dándole la autoridad de implementar el propuesto plan. Zas, ¡tú eres virrey! José pasa de un esclavo hebreo encarcelado a un oficial del gobierno de alto nivel en un día. El ocupa su posición por muchos años, se casa (con la hija de su acusadora en el pasaje anterior), tiene hijos, y por lo general, tiene una vida próspera y llena de satisfacción.

El plan funciona muy bien y el Egipto prospera. Entonces un día, durante los años de hambre, un grupo de hombres hebreos vienen al Egipto buscando comida. José los reconoce. Son sus hermanos, que algunas décadas atrás lo habían vendido como esclavo tras abandonar el plan de dejarlo perecer en un pozo. Sin embargo, ellos no lo reconocen a José. José no revela su identidad, y, al contrario, aprovecha el anonimato para probar la integridad y el carácter de sus hermanos. Los hermanos, especialmente Judah, pasan la pueba muy bien. Ellos se muestran honestos y nobles. Uno jamás imaginaría que estos hombres podrían haber sido capaces de un secuestro o un acto fratricida. La porción termina con una situación de suspenso, con José al borde de “salir del armario” en un momento de fuerza, compasión, triunfo y amor. José engendra lo que será uno de los momentos de fe, amor y reconciliación más bonitos en la Torah.

Todos en esta historia pasan por una transformación radical basada en binarios espirituales y contradicciones. Hay muchos cambios de atributos y actitudes. Judah, el traidor, se transforma en Judah, el leal. José, el hebreo se transforma en Zaphenath-Paneah 1, el egípcio, y luego vuelve a ser José, el hebreo. Jacob, el proveedor se transforma en Jacob, el necesitado. El cautivo se transforma en un hombre libre y el soñador, en el que hace. Todo y todos pasan de un estado de flujo e incertidumbre a un estado de claridad. Todo es tan real y tan metafórico, tan familiar y tan fantástico, que todos los años, al leer esta porción, con alegría, yo me uno a José en su llanto. De golpe, me encuentro enganchado a memorias de quién y lo qué he sido y temiendo quién voy a ser. Para llegar al otro lado del sistema binario, uno tiene que volar, como en un trapecio de un lado a otro, sin aliento, con el corazón acelerado.

La comunidad gay está llena de tales capítulos, porque no tenemos una imagen uniforme de quien somos. Hay lesbianas que son padres, hombres femeninos que son empresarios, marimachos que ahora son Barbies, guapetones que ahora son celibatos, sin hablar que siempre, siempre hubo los travestis, los que viven en constante cambio y los que nadan entre dos aguas que siempre nos sorprenden. Igualmente los judíos hoy día son ortodoxos, reformistas, conservadores, miembros de movimientos como Renewal y Reconstructionist. Sumándose todo, tenemos Ortolesbianas, minyan gay, la Tri-hitza (dos particiones separando a los hombres de las mujeres y una tercera parte mixta) y bueno, Jewish Mosaic…

El camino de la Torah es – honestamente – un tanto hediondo. Todo lo que es de más importante para nosotros, todo lo que es noble y precioso parece salir de la basura. El fratricidio, el incesto, la borrachera – la mentira, los engaños y los hurtos – violencia, desespero y sarcasmo – eventualmente todo ello lleva a ¡redención o revelación o revolución! Es un camino duro seguramente, pero es lleno de encantos y milagros. La Torah no suaviza este proceso para adquirir dominio espiritual, y tampoco impone límites para el número de candidatos capaces de alcanzar la iluminación. Qualquier sinvergüenza capaz de codiciar, odiar o engañar tiene todas las condiciones previas. Abraham estaba dispuesto a cometer infanticidio, un estafador y no se puede decir que era un padre ejemplar. Isaac, siguiendo el ejemplo de su padre, se portó también como un estafador y un tanto pasivo-agresivo. Y Jacob, oy, ¡qué canalla! José era presumido y engreído. Judah, un mentiroso sin escrúpulos. Sin embargo, a pesar de todo ello, también había dentro de todos ellos grandeza, bondad, compasión, humor y lo más importante, humildad. Nuestra tradición nos enseña que estos hombres estuvieron siempre muy cerca de Dios, pero sus defectos eran muy evidentes. Al final, cada uno, tras haber pasado por remordimiento, culpa y humillación, encontró paz y santidad.

En esta porción leemos que José les incriminó a sus hermanos para ver si ellos se trairían como lo habían traído a él. Estudiamos el momento en el que José, la víctima, está repleto de compasión y amor por ellos. Y enseguida prevemose el perdón que viene en el próximo episodio, y la historia nos recuerda que la vida es hecha de riesgos y de momentos en los que nos equivocamos gravemente para que con ello podamos aprender y perdonar. Esta vida es para hacer tshuvah y vivir la humillación de equivocarse. No podemos de ninguna manera pensar que una vida espiritual es una vida sin imperfecciones, sin defectos y sin heridas. La vida espiritual comienza cuando somos aún jóvenes y estúpidos y sólo después crecemos y nos transformamos en versiones más viejas y más sabias de nosotros mismos. Y así como José, podremos ver nuestra fortuna irse o venir en un abrir y cerrar de ojos. La plantilla para una vida espiritual de acuerdo con el judaísmo está lejos de ser tranquila y suave y se asemeja más a una montaña rusa estrepitosa. Nuestros tzadikkim (los iluminados) no son superiores o más puros que los demás, pero ellos son seguramente supervivientes. Además, yo aventuraría que todo tzaddik tiene muchas cicatrices para mostrar en el Nirvana.

¡Qué seamos benditos con tiempo suficiente en nuestras vidas para integrar nuestro idiota interior con nuestro sabio interior! ¡Y qué nunca nos veamos a nosotros o a los demás como nada menos que santos – aquí y ahora!

1 Revelador de lo oculto

Bibliografía
Maggid Jhos Singer recibió ordinación/ semicha del Rabino Gershon Winkler en 2002, y ha trabajado en la comunidad judía de Half Moon Bay, California, como rabino/maggid desde 2000. Jhos tiene un título en música de la UCLA y cuando él no está predicando en su comunidad, está tocando música o cantando con ellos. Maggid Singer tiene mucha afición por enseñar dilemas paradójicos, profundos, peligrosos y paranormales en el Judaísmo. Siendo transgénero, Maggid Singer sabe muy bien entender y transmitir las muchas contradicciones y complejidades de la Torah con entendimiento, amor, profunda fe y buen humor. Singer vive en Berkeley, California, donde cuida de un grupo de niños y goza de una maravillosa relación con su bashert.

Subscribe to the Jewish Mosaic Newsletter
(Privacy Guaranteed)