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·Ya’amdu… ·

por Arl Lev Fornari
Parasha Vayishlach
24 Noviembre 2007

Traducido del inglés por Moshe Ben Chacon. / Translated from English by Moshe Ben Chacon.

Fue en Simchat Torah en 5767—octubre, 2006. Tras haber pasado todo el verano en Palestina desaprendiendo lecciones sobre el sionismo y tras haber salido del armario como transgénero, yo no tenía una sinagoga que podría llamar de casa. La sinagoga gay cerca de mi casa tiene una oración especial para el Estado de Israel, la sinagoga liberal tiene una forma de comunicación que presenta géneros segregados y el Minyan ortodoxo tiene una mejitza separando por género los asientos en el templo. Entonces decidí participar del minyan ortodoxo casi igualitario, en el que casi todo es en hebreo, y el patriarcado heterosexual es mascarado por un esfuerzo para ser igualitario siguiendo inspiración en la chalaja (ley judía). Yo sabía que, por lo menos, no habría una exaltación del sionismo, y yo no conocería casi ninguna de las palabras o de las personas. Yo estaba contando con un anonimato espiritual.

Yo me senté atrás a la derecha y empecé a rezar, pero, de hecho, pasé gran parte del tiempo pensando sobre mi vida sexual complicada y analisando la dinámica del grupo conforme el género de los miembros de la congregación. Tras completar el ritual tradicional de las siete Hakafot, en el que los hombres bailan alrededor del salón cargando la Torah, mientras las mujeres bailaban entre ellas en un rincón de la sala, ellos anunciaron la sección de la Torah que íbamos a leer. Ellos también anunciaron que qualquier persona que quisiera una aliyah (subir a la bimah para leer de la Torah) tendría la oportunidad, y que los hombre interesados deberían posicionarse a la derecha, y las mujeres a la izquierda. Yo me quedé desconcertado, parte de mí quería la aliyah, pero no quería echar la moneda al “cara o sello” en un juego de géneros. Cuando ya casi me tocaba a mí, el gabbai se acercó y me preguntó si quería la alyah y yo le contesté: “Sí, pero no quiero estar en el lado de las mujeres ni de los hombres.” “Está bien, quédese donde le parezca bien.” Aunque esto no haya resuelto el problema, lo empujó lo suficiente para darsele mi nombre. “Ari ben Victor,” yo dije. Y él se fue.

Ari ben Victor. Yo no sólo nunca había dicho este nombre antes, como tampoco había articulado mi nombre de aquella manera. Mis nervios me llevaron a decir “Ari” en vez de Ari Lev, y en vez de utilizar el nombre hebreo de mi padre (Mazliah), yo utilicé su nombre en inglés. Y por un momento yo olvidé todas mis inclinaciones feministas y no añadí el nombre de mi madre Hana. Y en vez de la expresión elaborada por un estimado amigo, Max, que prefiere decir en este momento: “m’bet” significando “de la casa de,” yo dije “ben” (hijo de).

Ari ben Victor, no Hadassah, el nombre hebreo que mis padres me dieron; lo cual es el nombre judío de Ester, y que siempre se encajó muy bien conmigo debido a sus momentos de “salir del armario”. No era Hadas, cuyo significado es sauce, una forma masculina de Hadassah. No era Asher, el nombre hebreo que había eligido, uno de las 12 tribues de Jacob, y también descrito en Éxodus 3:13 como siendo uno de los nombres de dios: Ehyeh Asher Ehyeh, traducido como “Yo soy lo que soy,” “Yo soy quien soy,” “Yo seré quien seré.”. No era Afo, mi alma judía vagante que busca encontrar sentido, mi alter ego, que significa “donde” en hebreo y que es también la contracción de la inicial de mi nombre y de mi apellido.

Ari hijo de Victor, no un niño, no una persona transgénera sin género definido, sin mencionar a mi madre ni a mi abuela. Así fue: Ari, hijo de Victor.

“Ya’amod, Ari ben Victor,” dijo el gabbai.

Barachu Et adonai hamevorach

Mis manos temblaban sujetando el rollo de madera del pergamino.

Baruch adonai hamevorah leolam vaed

La mar de los d existencia normativa en sus 20 y 30 cantaban acompañando.

Baruch atah adonai, eloheinu ruach haolam, asher bachar banu im kol ha amim v natan lanu et torato. Baruch ata adonai noten hatorah.

Y despertó Jacob de su sueño, y dijo: Ciertamente Dios está en este lugar, y yo no lo sabía.

Génesis 28:16, Vayetzei

Esta semana, en Parashat Vayishlach leemos la historia de Jacob quien lucha con un ángel. Durante toda la historia, Jacob implora para que el ángel le enseñe su nombre, pero el ángel no quiere. Si es metafórico o no, si el ángel está dentro de su alma o es un personaje en si mismo, encima de la bimah yo me vi como Jacob. Yo estaba luchando con dios, luchando con el género y luchando con israel.

Tras haber pasado un verano en Palestina, fue muy difícil imaginar poder celebrar muchas de las palabras de la Torah: Palabras con las que yo no estaba de acuerdo, palabras que nos contaban historias sobre la destrucción de tierras sagradas, de la conquista de países vecinos, y de la ocupación del Valle del Jordán. Historias que no reflejan mis valores más profundos, historias que no incluyen mis ancestrales de género indefinido, historias que apenas dan voz a las mujeres. Sin embargo, al subir a la bimah, me desperté de mi estado de distracción y desconcerto, y pude escuchar a dios vibrando en el pergamino.

Y un ángel de Dios me dijo en un sueño, ‘Jacob!’ Y yo le dije, ‘Aquí estoy.’

Génesis 31:11, Vayetzei

Aquí estoy, temblando secretamente al escuchar las palabras de la Torah; aquí estoy intentando encontrarme en un lugar judío, en un relato judío, con historias judías. Aquí estoy, volviendo a la Torah semana tras semana, aunque no esté de acuerdo con tus palabras.

Y el varón le dijo: No se dirá más tu nombre Jacob, sino Israel, porque has luchado con Dios y con los hombres, y has vencido.

Génesis 32:28, Vayishlach

De acuerdo con la ley judía, para cambiársele uno su nombre basta ser llamado para leer la Torah por este nuevo nombre. No se paga $335 al gobierno y no se espera en la cola en en tribunal con la nota de un médico y recibo del pago. Uno no necesita ir ni siquiera al psicoterapeuta. Pero, tal vez, como describe la parasha, haya un poco de lucha.

Muchas personas trans tienen que transformar lo que nos enseñan como verdad en lo que nosotros conocemos como nuestra propria verdad. Debemos eligir un nombre, y decir, Aquí estoy – esta nueva persona, quien también es la misma persona. Debemos engendrar nuestra propria existencia.

La historia de Vayishlach es el relato de una lucha personal, y el potencial de renacer, de tener un nuevo nombre, de ser renovado por medio de esta lucha. Cuando ya contaba con el anonimato espiritual, me encontré siendo llamado en público. En el exacto momento en el que ya comenzaba a perder la fe, yo pedí una bendición. Y eligí un nuevo nombre.

Desde entonces, yo seguí desempaquetando aquella bendición. Sigo siendo llamado a la Torah y me doy cuenta constantemente de que intrínsico a mi nombre está un compromiso de estar siempre en conversación con la Torah. Quizás sea esa la mayor lección que aprendí con Jacob. Que, de hecho, la bendición no es el nombre, conforme leemos en las primeras líneas de esta porción; sino que la lucha contínua de estar presente y entero y en conversación con lo divino. Para mí la bendición de darme un nuevo nombre me dió el coraje de poder ser llamado, llamado para leer la Torah, de ser llamado para crear más espacio en este mundo para personas cuyo género no es definido y para judíos que apoyan el derecho de auto-afirmación de los palestios.

¡Qué podamos seguir luchando con la Torah y con lo que sea Sagrado dentro de cada uno de nosotros! ¡Y qué seamos benditos por un ángel siempre que necesitemos!

1. Fue la decisión del autor escribir sionismo, dios e israel con letras minúsculas.

Bibliografía

Ari Lev Fornari vive en San Francisco, y trabaja para Youth In Focus, apoyando iniciativas de jóvenes con investigaciones y poyectos. Ari está involucrado en proyectos de organización comunitaria para apoyar la causa indígena a favor de la tierra, vivienda, y de la protección de lugares sagrados. El también es miembro de la Red Internacional de Solidariedad Judía (International Jewish Solidarity Network). El va a 6 sinagogas diferentes, hace mezuzot y judaica. A Ari le gusta estudiar Talmud en SVARA, andar en bici, y cocinar bien con vegetales de la Terra Firma Farm. Ari fue admitido para estudios rabínicos en la Hebrew College Rabbinical School en 2008.