Top_logo
·Lo Innato y lo Adquirido, Una Historia de Generacion(es)·

por David Levy
Parasha Toldot
9 Noviembre 2007

Traducido del inglés por Moshe Ben Chacon. / Translated from English by Moshe Ben Chacon.

Toldot, el nombre dado a la porción de esta semana, tiene muchas capas en su definición. Derivada de la raíz hebrea para “nacimiento,” significa “generaciones.” Su uso en la Torah introduce listas genealógicas, y también marca el comienzo de relatos importantes relacionadas con los miembros de la línea genealógica de Abraham — algunas traducciones emplean la palabra “cuento” para definir el nombre de esta porción. ‘Toldot’ es un nombre perfecto para describir esta sección de la Torah, porque la historia comienza con con el nacimiento de Jacob y Esaú, y se enfoca en la relación entre las generaciones más jóvenes y más viejas y el tema de quién deberá lconducir a las generaciones siguientes.

Desde mi punto de vista, Toldot suena como una afirmación divina del dilema en el debate de “lo innato y lo adquirido”: ¿Son nuestras identidades y destinos inherentes, o somos tallados por el ambiente en el cual crecemos, formados por la generación anterior? En la cultura gay, muchas veces este debate se muestra interminable. ¿Ya nacemos así o hay factores externos que nos “vuelven gays?” Y si decidimos adoptar a un niño, ¿serán nuestra casa y nuestra educación lo suficiente para que lo hagamos a nuestra imagen, o será él como sus padres biológicos?

Mientras estas preguntas puedan sonar irrelevantes a veces, como charla de bar, ellas también revelan un lado siniestro. Si resulta que la condición de gay fuere algo que se puede predecir genéticamente, ¿Qué harán padres intolerantes: terminarán el embarazo o darán a luz un niño gay? Si se prueba que esta condición es externa, ¿alimentará esto las acciones de “ministros ex-gays” que intentan rehabilitar a homosexuales y cambiar sus estilos de vida?

Al estudiar el tema de “lo innato y de lo adquirido,” los pesquisadores han mirado a familias con gemelos, particularmente los gemelos idénticos. Después de todo, si los gemelos tienen el mismo DNA y crecen juntos, ellos son un grupo de pesquisa extremamente confiable. Sino que si crecen separados, la influenzia de “lo adquirido” podrá ser más evidente.

En esta porción los gemelos — Esaú y Jacob — no son idénticos en aparencia ni en temperamento. Esaú es un cazador velludo y grosero; su hermano más jóven tiene el cuerpo liso y es más afable. Y las diferencias ya se vuelven claras desde casi el nacimiento, luchando en el útero de su madre. Ellos nacen peleando — Esaú es el primero y Jacob nace agarrado del talón de su hermano — y así permanece la relación por mucho tiempo. Hasta Dios afirma esta naturaleza, diciéndole a Rebeca durante el embarazo que “el más viejo debe servir al más jóven.” (Génesis 25:23).

El primer cuento que la Torah nos ofrece de la vida de los jóvenes ahora más crecidos es cuando Jacobo troca el derecho del nacimiento con Esaú por un cocido. Jacobo es listo y aprovecha la oportunidad sin dudar. Suena como un caso de naturaleza, ¿no es verdad?

Cuando nos encontramos de nuevo con los hermanos, vemos un relato muy semejante a la situación que acabamos de ver. Pero ahora no es Jacob que tiene la iniciativa, sino que su madre, Rebeca. Ella se encarga de toda la trama y le instruye a Jacob sobre que hacer para engañar a su padre y recibir la bendición en lugar de su hermano. Su plan consiste incluso en cocinar, preparar la casa y vestirse de una forma especial. Y cuando Jacob se atreve a cuestionar la efectividad del plan, Rebeca le calla y le dice inmediatamente: “Haz lo que te digo” (Génesis 27:13).

Y de golpe toda la historia del cocido nos llama la atención nuevamente cuando presenciamos la destreza del plan de Rebeca y el dominio que ella tiene sobre su hijo. Jacob quizás pudo aprovechar la oportunidad tan rápidamente porque fue educado por Rebeca. La exposición al ejemplo de su madre podría haber mejorado la agudeza de Jacob en tales situaciones. Quizás fue enseñado a ser así.

Pero cuando vemos dos historias idénticas en la Torah, no podemos dejar de preguntar por qué. ¿Por qué contar lo que es esencialmente la misma historia dos veces, si no hay algo para aprender de la comparación? En este caso, yo creo que una lección crucial habla exactamente de la futilidad del debate sobre lo innato y lo adquirido. Esta parasha nos enseña dos versiones alternadas de la relación entre Jacob y Esaú, una descrita por el nacimiento y otra por medio del ambiente. Ambas resultan iguales. Si Jacob estaba predestinado desde el útero, o si aprendió su compartamiento con su madre, no debería afectar la forma como aprendemos con sus historias.

Esta lección debería ser enseñada con más frecuencia hoy día. Cuando pienso en la cantidad de dinero, energía y talento utilizados en la pesquisa del “gen gay” (en vez de, por ejemplo, invertir en la cura de la SIDA), tengo que preguntarme por qué. No importa si nacemos gays, nos volvemos gay o si optamos por ser gay. Ningún de estos factores deberían afectar como somos juzgados, nuestros derechos bajo la ley, nuestro acceso a cuidados médicos adecuados y nuestra auto-imagen positiva.

Bibliografía

David Levy es presidente del consejo directivo de Keshet, una ONG que sirve a la comunidad LGBT judía, con sede en Boston, cuya misión es construir una comunidad y promover el cambio social. En su vida profesional, él es el director de la Escuela Secundaria del Prozdor en la Hebrew College en Newton, MA, y tutor residente en religión y temas LGBT en Harvard.

Subscribe to the Jewish Mosaic Newsletter
(Privacy Guaranteed)