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·Du Partsufin Presentando la Creación de todos los géneros·

por Igael Gurin-Malous
Parasha Bereshit
5 Octubre 2007

Traducido del inglés por Moshe Ben Chacon. / Translated from English by Moshe Ben Chacon.

Bendito sea, nuestro D-s, soberano del mundo, creador de los seres humanos (El Adán en hebreo). (Baruch atah Adonai Eloheinu melech ha-olam, yotzeir ha-adam)

Bendito sea, nuestro D-s, que creó a los seres humanos (el Adán) a su Imagen, su propria semejanza, y proporcionó la perpetuación de la humanidad. Bendito sea D-s, creador de los seres humanos. (Baruch atah Adonai Eloheinu melech ha-olam, asher yatzar et ha-adam b’tzalmo, b’tzelem d’mut tavnito, v’hitkin lo mimenu banyan adei ad. Baruch atah Adonai, yotzeir ha-adam.)

Estas dos biendiciones, parte de las sheva brachot, o siete bendiciones tradicionalmente recitadas en casamientos judíos curiosamente dicen lo mismo, sin embargo ellas reflejan un antigua controversia sobre la creación de la humanidad, la diferencia entre hombre y mujer, y la relación entre masculino y feminino, bueno y malo, “yo” y “el otro.” El casamiento asume que la pareja se encontrará en la vida, dos mitades que se unen y forman un sólo cuerpo. Si leemos el texto cuidadosamente, podemos observar que la pareja, ‘yo’ y ‘el otro’ no estaban destinados a encontrarse cara a cara y tal vez nunca van.

Bereshit, la parasha que abre Génesis, enfoca en la creación de límites — diferenciando los diversos objetos de la creación, atribuyéndoles un nombre y estableciendo categorías. El trabajo de Adán es trabajar en el Jardín de Éden, manteniédolo y guardándolo. Adán también es encargado de dar nombre a los animales perpetuamente y así lo hace, hasta que él tiene que nombrar a un ser semejante a él, un espejo de Adán. Y aquí comienza nuestra historia…

La experiencia de nombrar es algo poderoso. Tradicionalmente es un acto de poder sobre el objeto nombrado y se le confirma dominancia en la relación. Al reconocer un nombre y utilizarlo, uno puede ganar entendimiento y saber algunos de sus secretos. Como una palabra mágica que establece familiaridad entre uno y otra persona, animal u objeto. Es una prueba que uno los conoce y entiende la diferencia que les separa. No es ninguna sorpresa que en nuestro idioma antiguo conocer a alguien también quiere decir que lo conocemos íntimamente, significando una conección profunda e íntima entre dos seres. No obstante, las líneas muchas veces se mezclan. Mucho ya fue escrito sobre el tema de ‘Yo’ y “el otro” – o, según la formulación clásica de Martin Buber, “Yo y tú” (comenzando, de forma muy interesante, con Du Partsufin = dos caras). Filósofos, escolásticos, poetas y sabios describen lo difícil que es estar cara a cara con el otro, y el desafío de mirar a alguien a la cara y simpatizarnos verdaderamente, mientras entendemos las líneas que nos separan.

Pero, ¿y si esta línea no debe existir? ¿Y si debemos ser uno – no masculino O feminino, pero ambos, en la misma creación, en la misma persona? ¿Y si no debemos reflejar sexo, ni género – de modo que no seamos 50% masculino y 50% feminino – pero una criatura que es ambas o nada? ¿Y si aún somos “el Adán,” creados y nombrados por Di-s con un propósito especial, de reflejarlo/la o reflejarse a si mismo?

En el Talmud, en el Tractado Brachot, mientras se discute las bendiciones del casamiento, los sabios notan que siempre que el texto habla sobre la creación de Adán (yatzar) el texto utiliza dos ‘yuds’ en el hebreo, mientras que al describir todo el resto de la creación, el texto utiliza sólo una ’yud.’ R. Yirmiya Ben Elazar explica que “el hombre fue creado con dos caras. (Du Partsufin)” Esta idea, adoptada posteriormente por el comentador Rashi (así como Platón) de la creación de los seres humanos no es nueva, pero esta idea misma nos hace una pregunta aun más relevante hoy que en los tiempos del talmud. ¿Cuál es el significado para nosotros de tener dos caras que nunca se ven y siempre apuntan en direcciones opuestas? ¿Cuás es el significado de nunca encontrar el ‘otro’ puesto que el ‘otro’ ya es parte de nosotros? ¿Cuál es el desafío más grande: enfrentar a otra persona que representa todo lo que no somos o enfrentar eso dentro de nosotros? ¿Pueden las dos caras caminar juntas si ellas apuntan en direcciones opuestas? ¿Pueden ellas caminar codo con codo?

Yo diría que para ser una persona completa (ambos hombre y mujer, masculino y feminino) uno debe ser como Adán. Para que merezcamos ser llamados así por Di-s, debemos permitirnos entender la naturaleza en la que fuimos creados, que incluye ambos masculino y feminino. Somos los dos géneros y a veces los dos sexos. Debemos siempre mirar dentro de nosotros y reconocer cada parte, biológica y espiritual, de nosotros y llamarla por el nombre. Somos todos LGBT e I. Somos Adán. Cuando nos deamos cuenta de eso, podremos ser parte de Bney (descendientes) Adán ante Di-s.

Hoy día nosotros recitamos las sheva brachot durante un casamiento cuando las “dos mitades” se encuentran. ¿Pero verdaderamente entendemos el significado de este desafío? ¿Quizás estas bendiciones no deberían ser recitadas durante el casamiento, sino que al nacimiento de un niño/a – un nuevo Adán?

Bibliografía

Igael Gurin Malous creció en Bélgica e Israel. El proviene de familia tradicional y estudió en yeshiva por muchos años. El ha trabajado como educador del Judaísmo en diversas instituciones en Israel, Europa y EE.UU. Igael fue el director educacional de la Unión de Estudiantes Judíos y Director Asistente del seminario Ramah Israel del Movimiento Conservador. El también lideró el Beit Midrash en la Casa Abierta de Jerusalén. Tras haber estudiado muchos años en Israel y enseñado en comunidades distintas, ahora él es profesor en el departamento de Enseñaza Judaica de la jewish Community High School en San Francisco y en el programa Tauber de Estudios Judaicos de la Congregación Enanu-el.

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